BALADA - TRACK PORTADA

Los derechos de cada uno de los textos, canciones y videos a los que se hace referencia aquí pertenecen a sus respectivos autores y artistas. Con la admiración y la nostalgia que concede el tiempo, Balada / Track es sólo un homenaje de eslabones y estribillos. Si bien la lista de reproducción es parte de la novela, las direcciones URL que conectan esas referencias con la red ecléctica son arbitrarias. Con el tiempo, el juego con los eslabones así como el soporte mismo de la novela podrían metamorfosearse de acuerdo a las nuevas tecnologías y a los cambios de estrategia del autor y su época. El autor no se hace responsable de los estragos que esta Balada pueda ocasionar en el lector.

“Es que al final todos los personajes están haciendo un hoyo” (Impresiones V)

Impresiones VMiro de nuevo las páginas del libro para recordar un poco de qué va la historia. Lo que me dejó Balada/Track no fue su última canción, si no la anterior. Es que al final todos los personajes están haciendo un hoyo, enterrando el amor que le tenían a esos otros personajes que se fueron lejos de sus casas, huyendo de sí mismos. Y los lectores estamos ahí, observando la telaraña que tejió Juan, algunos son el reflejo de los personajes y otros quisiéramos ser Salomé o la misma Sofía.

Después de leer la novela recuerdo que creí ver a uno de los personajes…, Julio Altamar. Yo estaba tomando un café en alguna esquina y miré hacia la ventana del edificio de al frente y allí estaba él.

Cuando recuerdo la novela, me sumo en una nostalgia de esas que dan al otro día después de una gran fiesta, después de bailar salsa y tomar ron.

Sara Ríos Pérez

Salsera, seguidora de Wong Kar Wai

Bogotá

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Mirando con ojo de pescado el mundo editorial (Impresiones IV)

Impresiones IV

Como si fuéramos nosotros mismos los que estuviéramos leyéndolos”, repite Rodrigo desde sus lentes pausados, mirando de reojo el mundo editorial, así…, con ojo de pescado:

El ritmo propio de la literatura se conjuga con el de la música para transportarnos a las historias que se relatan. Así el sonido de las canciones de Héctor Lavoe, The Clash, Bob Marley, entre otros, que se escuchan al fondo de la lectura, hace que nos sintamos espectadores de cada escena. También nos sentimos personajes de la misma al escuchar la voz de Julio Cortázar, Gonzalo Rojas, Raúl Gómez Jattin, etc., como si fuéramos nosotros mismos los que estuviéramos leyéndolos, pues cada palabra que lee el personaje está también en nuestros ojos, en nuestra mente. Balada/Track es una buena forma de hacer llegar la literatura a distintas personas, no por medio de intereses mercantiles que es lo que ahora prima en las editoriales, sino por la pasión que nos lleva a muchos a escribir y leer, por la literatura misma!

Rodrigo Lombana Riaño

Lector de vanguardias y entelequias

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“Se siente uno como niño revolcado por las olas del mar” (Impresiones III)

Impresiones 3Se siente uno como niño revolcado por las olas del mar. Trajinado a su antojo, casi ahogado entre las baladas y las palabras. El libro de Juan Guillermo arrastra al lector hasta costas desconocidas. A veces, como sus personajes, atraca uno en las playas de la nostalgia, de ese amor que nunca fue. Otras, lo despierta a uno el olor de la selva y el sol intenso sobre las copas de los árboles. Y otras, como el autor nos advirtió, se queda uno a la deriva, perdido en ese inmenso mar. Pero feliz.

Angélica Puerto Tello

Escritora

CHILE

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“Que llegó usted después que yo a leer estas palabras” (Impresiones II)

Impresiones 2Juan, hermano, estuve varios días pensando sobre todo en la forma a elegir para escribir algo sobre “Balada-Track”; pasé por varias estructuras, por varios principios y finales, pero siempre terminaba aquí, en una especie de carta, un diálogo, como si estuviéramos hablando mientras nos tomamos una cerveza y nos fumamos unos cigarrillos, no sé, como algo más personal.

Y ya que estamos aquí, que llegó usted después que yo a leer estas palabras, quisiera empezar diciéndole que ha escrito usted una hermosa novela, una novela que me recuerda la sorpresa que hace ya varios años me causó descubrir el significado del título de “Trilce” de Vallejo, es decir, entre triste y dulce. Y se lo digo porque así me he sentido con estos personajes, dos mujeres y un par de tipos que nadan en la soledad, en la tristeza, en el abandono, pero que al mismo tiempo miran hacia el futuro que es la nada y el tiempo como si esperaran algo de él, convencidos del futuro. ¿Qué esperan? Me da la impresión que no saben, por supuesto, como no sé yo, precisamente porque debe ser que miran las cosas de esa forma por la edad, esa en la que me encontré leyendo su novela y que nos ampara diciéndonos que ese largo recorrido de dejar la juventud atrás cada vez se hace más palpable y que creímos, en nuestro devaneos adolescentes, que nos iba a arrojar al desprecio y la tristeza y que debemos reconocer impávidos que nos ha dejado en la incertidumbre. Pero, al contrario, eso no nos deprime a aquellos que estamos cerca de los treinta, sino que nos da más fuerzas para aventurarnos a lo desconocido, a la vida, finalmente.

También tengo que reconocer que me fue imposible no leer sin la banda sonora; pensé que sería una traición a la novela, a usted, a esa hermosa poética de esta época cada vez más incierta pero al mismo tiempo arriesgada para el lector y el escritor. Y así, me encontré a veces leyendo y escuchando al mismo tiempo las frases, las tonadas, el ritmo, viendo cómo movía las caderas Salomé o como cantaba desde el centro del mundo Sofía. Otras veces la canción y las palabras escritas se encontraban en una inexplicable conjunción, hija del azar, y yo me sentía como revolcado en medio del tiempo y de la existencia, como quizás otras novelas no pueden hacerlo y que usted ha conjurado para hacernos -¿cierto?- cómplices de sus personajes.

Finalmente, no sé si venga al caso pero permítame decírselo, no he podido evitar leer su novela al tiempo con otras, con Kundera, con Bolaño, con Tomás González, y sinceramente creo que sus palabras no desmerecen en un ápice a la de estos maestros, lo que me hace lamentar que obras como la suya no tengan la oportunidad de acercarse a más lectores, aunque claro, desde mi posición, trataré de compartirla.

Un abrazo Juan, y espero que pronto, por medio de los libros, de los correos o desde esta búsqueda incansable a través del lenguaje, podamos encontrarnos y compartir más palabras…

Sergio Barón

Amigo de hace tiempo y de Ribeyro

España

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“Ay Sofía!, si te encuentro, nos quitamos el miedo juntos” (Variaciones I)

Frase I“Ay Sofía!, si te encuentro, nos quitamos el miedo juntos”, así me ha dicho Roberto -desde algún lugar del Pacífico- que le diga a Sofía cuando la vuelva a ver. También me ha regalado estas sílabas compulsivas desde el otro lado del mundo:

Balada / Track es un experimento original, con un resultado absorbente. Las historias de Sofía, Salomé, Julio y Camilo son acompañadas con canciones que le dan al lector las provisiones necesarias para identificarse con los personajes. El conflicto del amor o, más bien, del desamor acercan las historias, pero la esencia del libro reside en el partir, el regresar o el quedarse en un país que amarra y aparta. Los que hemos salido o los que se han quedado nos vamos encontrando en los personajes y, “con el tiempo, todos somos lugares comunes, Sofía, nadie se salva”. A partir de pedacitos que se repiten en la vida, Balada /Track reconstruye historias que quedan abiertas al lector. Un libro novedoso y una lectura cautivadora conducida por una lista de reproducción que nos invita a escuchar y recordar.

Roberto Ulloa

Viajero Informático

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Dale que dale en la ruedita

La querida Ana Chiarelli -investigadora amiga y lectora decidida de diarios y baladas- me ha contactado ayer en la tarde: “Oye, Juan, a qué no sabes que estoy escribiendo una ponencia sobre tu obra para presentarla en Toronto”. “¿En serio? ¡No tenía ni idea!”.

La noticia viene con un cuestionario, así que le contesto de vuelta: “Habrás de saber, querida Ana, que quien conteste no seré yo, sino el autor-personaje, el otro –como decía Borges”. Una risa macabra me posee, un gelasmo incómodo desfigura mi rostro en la penumbra del estudio. Supongo, iluso, que esa advertencia habrá de salvarme de toda responsabilidad.

Unas horas después, doy vueltas en la cama. Me entretengo pensando que las noches nevadas son más brillantes. En el fondo sé que quiero que amanezca para empezar a responder las benditas preguntas. Una, dos, tres toneladas de nieve están pesando. “Y ahora qué voy a decir…”, pienso. “¡Pero si lo que quería decir ya lo dije!”, me quejo. Me acuerdo del viejo Jaku – el hámster de mi hijo – corriendo en la rueda verde enganchada a las rejas blancas de su jaula. ¡Claro, eso es! Así va el autor-personaje: corre que corre toda la noche hasta que, cansado al amanecer, se baja de su rueda, toma un poco de agua, come unos cuantos cacahuates y poco a poco comprende que sigue ahí, en la novela, en el cuento, en las mismas palabras de ayer. Desde esta perspectiva ratonil, este cuestionario hace parte de Balada:

Dale que dale en la ruedita

– ¿Cuál fue ese último empujón que te llevó a decidirte a hacer tu trabajo accesible en formato electrónico?

Creo que no es un empujón, sino muchos empujones detrás. Es como cuando uno está dentro de una estación de Transmilenio en Bogotá, y ahí viene el bus que uno necesita. Y entonces uno corre (esta vez no como Jaku). La cosa es que súbitamente hay un montón de gente corriendo contigo porque resulta que el cincuenta por ciento de la multitud que estaba en la estación en ese preciso momento que entraste estaba esperando ese mismo bus. Así que ahí estás en la mitad del tsunami, todo tu cuerpo se está moviendo arrastrado por el agua. No hay garantías, puerto, atajaolas. Puede que llegues o no a la puerta. Una abuelita empuja con la cartera a Julio Altamar (el personaje de Balada), todos gritan “¡no empuje, no empuje!”, una pareja se ríe divertida, una señora maldice y codea al señor de bigote (acaso el papá de Sofía Lagos).

Así veo la decisión de no llevar al papel Baladatrack. Sin darme cuenta fui escribiendo una historia fragmentada. La música nunca faltó en su composición. Lo hice a propósito a ver qué… Al final decidí que el lector debía tener la opción de recrear la historia con la música que el propio autor había escuchado en el momento de la escritura. ¡Eso es! Así que los links –como quien no quiere la cosa- se fueron adentrando hasta hacerse indispensables.

Y lo mejor es que el PDF es momentáneo. En realidad, un día de estos me animo y hago otra versión. Le sumo o le quito personajes y después abro un sitio web con ventanas que nunca terminan, click y otra ventana, click y otra ventana, cada una con un fragmento y una canción. O mejor, por qué no, hago una banda ecléctica y así empezamos a incluir versiones y videoclips como homenajes. Digamos algo de Charly un viernes a la madrugada con suficientes cervezas por delante regadas por el living de algún apartamento en La soledad. No me creas, Ana…
– ¿Tienes algún público en mente (edad, origen, gustos literarios o musicales) cuando estás estructurando y montando tu texto en formato electrónico?

La verdad yo trato de no pensar en eso, y tal vez por eso es que nadie me lee… Para ser sincero yo sé muy poco del mundo electrónico. Me gusta jugar con él, eso sí, experimentar, pero en el fondo escribo pensando en las palabras, en el ritmo, en las imágenes, en lo que tengo que decir para dormir en paz, más que en el medio.

Sin embargo, en el momento de presentar los proyectos (Diariosdenada o Baladatrack), ahí es clave el contacto con la audiencia. Sobre todo si tú eres el que hace todo, el que edita, el que diagrama, el que se comenta a sí mismo… Desde los blogs juego con las imágenes, los hyperlinks, los títulos de los posts, la forma como abordo a los amigos, editoriales, revistas, en fin, es un continuo coqueteo con cualquiera que se asome por la esquina de mi texto… Un tipo fácil, ¿no?
– ¿Crees que sigue viva la propuesta de McLuhan del medio es el mensaje? ¿Aplicas esa idea cuando creas una obra como Baladatrack?

Al final, sí; al comienzo, no. Al principio es siempre la nada, Jaku en la ruedita verde, corre que corre, el autor trasnochado que de pronto ve un punto en el universo, el cual no es medio ni mensaje sino punto a la medianoche y teniendo que trabajar mañana. Luego el punto crece y se vuelve obsesión, enfermedad, y entonces Jaku ya no puede dejar de correr y masticar cacahuates día y noche hasta entender qué diablos significa el punto. Un día comprendes que has escrito un libro chueco o una banda sonora con personajes o una ruta sobre el aserrín de tu jaula.

Pero lo que le llega al lector es otra cosa, es el artificio, el blog, la canción, la foto, un like en Facebook, una frase extraída de la novela de no más de 140 caracteres. Lo que quiero decir es que no veo el mensaje y el medio separados, creo que son lo mismo. Igual la tecnología de la escritura y el papel beige de tantos miligramos que el www; igual el ritmo de tu prosa que el uso de un blog en la escritura independiente.

Claro, hay un detalle desde el punto de vista de la recepción: si el objeto cultural tiene suerte y da con un lector como tú que lo lee con entusiasmo, entonces ahí lo que comenzó como un punto regresa de nuevo al punto, sólo que ahora el lector, co-autor del relato, comienza su turno en la ruedita, dale que dale en la ruedita verde.
– ¿Cuál es el feedback que has recibido de tus lectores? ¿Cómo interactúan contigo?

Pues no creas que tengo tantos lectores como en la escena de Transmilenio… En el proyecto de los Diariosdenada, Felipe Quetzalcoatl Quintanilla, el editor de Letras Sueltas, se ideó un sitio web exclusivo (http://letrassueltas.com/diarios.html) dónde los lectores pueden escribirle al autor y conocer detalles sobre la producción del libro, así como algunos videos relacionados con los relatos. En Baladatrack, en el blog hay un espacio llamado VARIACIONES, en donde sueño que alguna vez se agolpen todos los buzos-lectores a la vez como si viniera el último bus de la noche. Esos sitios siguen ahí a la espera.

Ahora, de los comentarios que he recibido, unos llegan por mi correo personal y otros por Facebook y Twitter. Muchos son como “¡buena pibe!” y otro más formales “oiga, chino, lo felicito por ese proyecto”. Los comentarios contundentes son contados, y todavía son muy pocos los lectores que se animan a continuar la historia, desvirtuarla, recrearla, sumarle sus propias ficciones.

Hay dos casos interesantes: un amigo de la universidad leyó Balada y quedó fascinado con Sofía, así que me dijo que se la tenía que presentar porque justamente él estaba haciendo una investigación sobre los mayas. Entonces cada vez que me lo encuentro en el pasillo, me pregunta por ella y esas cosas. Sofía es una presencia, es innegable. De hecho, es encantadora. Supongo que si presentas esto en Toronto, te la podrías encontrar en la salida… Otro amigo leyó Balada en Bogotá y me llamó afanado y un poco melancólico: “Oiga, compadre, entonces eso es lo que usted piensa de mí…”. Yo no sabía de qué me estaba hablando, pero luego entendí la relación con uno de los personajes.

A lo que voy, es que los escolios sí han existido en estos años, pero no necesariamente escritos, si no en la oralidad.
– ¿Tienes un registro de dónde están ubicados la mayoría de los lectores de Diarios o Baladatrack? ¿Canadá, Colombia, etc….?

La pregunta es interesante porque abre un dilema: ¿son los blogs parte de los libros? Yo diría que sí, así que los lectores que llegan a tu blog y van leyendo y dando click aquí y allá, pues van ingresando a ese lugar de la no-existencia que nos heredó el viejo Macedonio.

Entonces juguemos a las estadísticas (por cierto hay un post cuando estaba haciendo el crowdfunding de Diarios que va muy bien con el tema: http://diariosdenada.wordpress.com/2011/04/28/%C2%A1nada-que-se-anima-a-ser-irreversible/): en IndieGogo y en los blogs se puede rastrear fácil esa información con las estadísticas de tu sitio. También ayuda Google Analytics. Las visitas a los blogs son variadas, las hay escasas (pero las hay) desde París, Londres, España, Argentina, México, Italia y Bélgica; y las hay numerosas desde Estados Unidos, Canadá y Colombia. En el caso de Diariosdenada, por ejemplo, como está disponible en línea en Scribd (http://es.scribd.com/doc/76848405/Diarios-de-nada-relatos-Letras-Sueltas-Split-Quotation-2011), allí se puede contabilizar cuántas lecturas se han hecho de tu libro: no me consta, pero dice que 518 lecturas, de las cuales el 40% han sido en Canadá y el 23% en Colombia; eso sin contar los 300 libros de papel, vendidos entre los lectores que apoyaron el proyecto y las presentaciones que he hecho de esos relatos, digamos un lunes cualquiera en cualquier ciudad, intercambiándolos por baratijas en ferias de pueblo y mercados de pulgas.
– ¿Crees que el público está buscando una nueva experiencia literaria?

Pregunta-zancadilla la que me haces, Querida. Si te refieres a nueva experiencia literaria con la inclusión de nuevas tecnologías, es decir, soportes para la lectura, arandelas durante la lectura, campañas y revoluciones antes de la lectura, proyectos inter-artísticos, pues sí. Pero es simpático porque en el fondo muchos de estos lectores siguen buscando las historias de desenlace, grandes gestas, épicas, romances que se pueden narrar por teléfono. Todo eso está muy bien. Pero yo todavía estoy atascado con Macedonio Fernández en 1911 ideando una novela de sólo prólogos o –por la misma época- con Unamuno en su Niebla debatiendo con sus personajes. Las palabras siguen siendo una sustancia misteriosa, mujer. Así lo veo, así quiero seguir viéndolo. Lo que quiero decir es que la vanguardia en los alrededores de la no-existencia no implican la vanguardia en la literatura misma. Y ahí vamos…

– ¿Sabes de alguien más en Canadá que esté usando medios electrónico en su obra?

No latinos. ¡Una invitación!

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Tu novela es eso que pasa cuando no pasa nada…

Eso que pasa cuando no...

Se han animado David Campos  y Pedro Medina  a hacerme una entrevista y postear una nota sobre Balada / Track en su SUB-URBANO. ¡Gracias a David y a Pedro! Empresa fascinante la de celebrar historias que no llevan a ningún lado –como dice David en la entrevista-, historias que son eso que pasa cuando no pasa nada. Aquí la entrevista:

David: Hola, ¿cómo estás?

Juan: Muy bien.

David: ¿de dónde eres originalmente?

Juan: De Bogotá, Colombia, una ciudad que extraño mucho desde acá.

David: ¿Cuánto tiempo tienes viviendo en Canadá?

Juan: Dos años y medio. Vine en el año 2010.

David: ¿Y qué te hizo emigrar?

Juan: Bueno, en realidad siempre hay muchas razones: primero, quería cambiar un rato, también quería hacer un doctorado en literatura y  además mi pareja es canadiense… todo a la vez.

David: ¿Y estudiaste algo relacionado a la literatura antes del doctorado?

Juan: Sí, en realidad toda mi vida he estado estudiando literatura. Hice un pregrado en literatura, luego hice una maestría en literatura y ahora el doctorado. Años para leer tratando de encontrar un balance entre la academia y mi propia creación. Es siempre una encrucijada.

David: Sí, me parece curioso que digas que has estudiado literatura toda tu vida y que en el libro escribas que con ese libro, por fin, el autor devino en escritor. Muchos jóvenes creen que estudiar literatura es el camino para ser escritores (jóvenes escritores, no jóvenes de edad).

Juan: Claro, muchos estudiamos literatura con la idea romántica del escritor o del poeta. Es siempre un choque escuchar a los críticos, comenzar a leer teorías, etc. Pero algunos continuamos insistiendo, los garabatos del comienzo se vuelven una necesidad, como explico en el blog de Balada, hay historias que hay que sacar afuera y, bueno, en el momento no es muy claro para qué o para quién, el hecho es sacarlo.

David: Cierto, entrando en ese tema, ¿por qué escribes? ¿Por qué Juan Sánchez escribe o a qué o quién le escribe?

Juan: Bueno, es lo que se pregunta Julio Altamar en el blog de Balada y en la novela misma. Le interesa la descomposición. Julio es una parte de esa pregunta que me haces. Siempre pienso en cómo el esfuerzo de los escritores y los artistas se descompone también. Quedan los libros, a veces ni siquiera, quedan cuadros, fotos, pero que nadie ve o solo de vez en cuando, no sé, creo que Juan escribe para los amigos, simplemente. Ahora, detrás de Balada y Diarios de nada (http://diariosdenada.wordpress.com/) como proyectos, también hay reflexiones sobre la audiencia en la época que nos tocó. ¿Para qué imprimir en papel? ¿Para qué estar respaldado por una editorial? ¿Por qué vender? ¿Por qué no hacerlo disponible para todos?

SEGUIR LEYENDO => http://sub-urbano.com/entrevista-al-escritor-colombiano-juan-guillermo-sanchez/

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En el tibio día

Altamar

Hace unos días hablé por Skype con Julio (uno de los personajes de Balada / Track). Bogotá – El Otro London. Medianoche en Colombia. Otoño en Londombia.

Una hoja de maple

está deslizándose bajo el Thames

como una serpiente púrpura.

El tipo estaba pintando, escuchando Pescado Rabioso. Me dijo que por estos días la estaba tomando suave, levantándose al mediodía, acostándose a la madrugada, caminando sin afán hasta la esquina, fumando de más,

nada,

durando…,

aunque pintando.

“Pintando otra vez, compadre…”, me dijo pensativo.

Desde que Julio dejó de trabajar en la novela (o en el lugar de la no-existencia, como diría Macedonio) ha tenido nuevas exposiciones, ha ganado premios, se ha bebido todas las botellas de aguardiente de La Macarena y además se separó,

nada,

la vida,

normal.

“No sé, compadre. Después de la última exposición, duré una semana tirado en la cama. No quería levantarme. Tanto trabajo para nada, para un comentario mediocre en uno de esos magazines de mierda. Baa…”, me dijo desencantado.

Pero  lo cierto es que estaba pintando de nuevo. Y la estaba tomando suave…

“Y entonces para qué más cuadros, Julio…”, le dije un poco hastiado.

Desde que nos conocemos (hace más de 18 años), una y otra vez hemos repetido el mismo parlamento: para qué…

En el colegio y en los primeros años de la universidad, Julio pintaba desnudos al carbón de chicas que se quedaban dormidas en su cama. Era un pretexto para coleccionar gestos y recuerdos y de paso enamorarlas. Luego tuvo una época hiperrealista en la que pintaba óleos de amigos borrachos o en piyama. Otro pretexto para la memoria. Años después, durante el tiempo que fue maestro en la escuela de arte, se hizo el serio y quiso hacer revoluciones. Dejó la trementina por el arte conceptual y ahí fue que me tocó hospedarlo en la novela.

En el fondo, pura obstinación, pura terquedad, puro para qué.

Hasta el miércoles pasado en que aspiró duro su cigarro, me miró a través del satélite como si por un instante lo hubiera comprendido todo, y respondió:

“Ya sé para qué, compadre, justamente para eso, Juan, para que no haya más para qué, ¿si pilla…?”

Estaba radiante, despelucado, feliz.

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Primer manifiesto del lector inseguido con despedida emocionada al lector de desenlaces

Desde el lugar de la no-existencia, es decir, desde El Museo de la Novela de la Eterna, Macedonio Fernández ha pasado de visita esta mañana por la zanjeada Balada / Track:

“No te pido, lector salteado –inconfeso de leer del todo y que no dejarás de leer toda mi novela, con lo que la numeración de páginas vana para ti habrá sido desatada en vano por ti, pues en la obra en que el lector será por fin leído, Biografía del lector, sábese que dirá lo que, desconcertante, le ocurrió al salteado con un libro tan zanjeado que no hubo recurso sino leerlo seguido para mantener desunida la lectura, pues la obra salteaba antes-, disculpa por presentarte un libro inseguido que como tal es una interrupción para ti que te interrumpes solo y tan incómodo estás con el trastorno traídote por mis prólogos en que el autor salteado te hacía figurarte y soñar sobresaltado que eras lector continuo hasta dudar de la inveterada identidad del yo salteante” (Fernández 200)

Ahh…, Macedonio me ha dicho que debo aclarar a manera de prólogo que cada vez que una persona comienza Balada / Track, un nuevo personaje ingresa en la misma, y cada vez que una persona la termina, un nuevo co-autor surge en la escena de la no-existencia, indispensable para que el texto siga su curso:

“…el autor, deseando que fuera mejor o siquiera bueno y convencido de que por su destrozada estructura es una temeraria torpeza con el lector, pero también de que es rico en sugestiones, deja autorizado a todo escritor futuro de impulso y circunstancias que favorezcan un intenso trabajo, para corregirlo y editarlo libremente, con o sin mención de mi obra y nombre. (Fernández 352)

Como nunca se sabe con Macedonio, es decir, no sé si estaba hablándome en serio o qué…, sólo puedo decir (por el momento ) que el juego de eslabones y estribillos de Balada / Track es un ejercicio a punto de realizarse en cada segundo de su lectura y, por eso mismo, le dice adiós, así, emocionada, al “lector de desenlaces”:

 “…de lectores sólo un género descarto: el lector de desenlaces; con el procedimiento de dar sustanciado todo el relato y final anticipadamente ya no se le verá más por aquí. Mi táctica de novelista es: personajes sólo entrevistos, pero que tan bueno tienen lo que llega a saberles el Lector que se graban por la irritación lectriz que entre amarlos por delicados y quedar insaciados por conocimiento incompleto o “saber a medias”, obran en su memoria dos fijadores nemónicos (no hay memoria sin afectividad, sea irritación o ternura) y quedarán inolvidables.” (Fernández 231)

Fernández, Macedonio. Museo de la Novela de la Eterna. Caracas: Biblioteca Ayacucho y Adolfo de Obieta. 1982.

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