Monthly Archives: October 2012

En el tibio día

Altamar

Hace unos días hablé por Skype con Julio (uno de los personajes de Balada / Track). Bogotá – El Otro London. Medianoche en Colombia. Otoño en Londombia.

Una hoja de maple

está deslizándose bajo el Thames

como una serpiente púrpura.

El tipo estaba pintando, escuchando Pescado Rabioso. Me dijo que por estos días la estaba tomando suave, levantándose al mediodía, acostándose a la madrugada, caminando sin afán hasta la esquina, fumando de más,

nada,

durando…,

aunque pintando.

“Pintando otra vez, compadre…”, me dijo pensativo.

Desde que Julio dejó de trabajar en la novela (o en el lugar de la no-existencia, como diría Macedonio) ha tenido nuevas exposiciones, ha ganado premios, se ha bebido todas las botellas de aguardiente de La Macarena y además se separó,

nada,

la vida,

normal.

“No sé, compadre. Después de la última exposición, duré una semana tirado en la cama. No quería levantarme. Tanto trabajo para nada, para un comentario mediocre en uno de esos magazines de mierda. Baa…”, me dijo desencantado.

Pero  lo cierto es que estaba pintando de nuevo. Y la estaba tomando suave…

“Y entonces para qué más cuadros, Julio…”, le dije un poco hastiado.

Desde que nos conocemos (hace más de 18 años), una y otra vez hemos repetido el mismo parlamento: para qué…

En el colegio y en los primeros años de la universidad, Julio pintaba desnudos al carbón de chicas que se quedaban dormidas en su cama. Era un pretexto para coleccionar gestos y recuerdos y de paso enamorarlas. Luego tuvo una época hiperrealista en la que pintaba óleos de amigos borrachos o en piyama. Otro pretexto para la memoria. Años después, durante el tiempo que fue maestro en la escuela de arte, se hizo el serio y quiso hacer revoluciones. Dejó la trementina por el arte conceptual y ahí fue que me tocó hospedarlo en la novela.

En el fondo, pura obstinación, pura terquedad, puro para qué.

Hasta el miércoles pasado en que aspiró duro su cigarro, me miró a través del satélite como si por un instante lo hubiera comprendido todo, y respondió:

“Ya sé para qué, compadre, justamente para eso, Juan, para que no haya más para qué, ¿si pilla…?”

Estaba radiante, despelucado, feliz.

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Primer manifiesto del lector inseguido con despedida emocionada al lector de desenlaces

Desde el lugar de la no-existencia, es decir, desde El Museo de la Novela de la Eterna, Macedonio Fernández ha pasado de visita esta mañana por la zanjeada Balada / Track:

“No te pido, lector salteado –inconfeso de leer del todo y que no dejarás de leer toda mi novela, con lo que la numeración de páginas vana para ti habrá sido desatada en vano por ti, pues en la obra en que el lector será por fin leído, Biografía del lector, sábese que dirá lo que, desconcertante, le ocurrió al salteado con un libro tan zanjeado que no hubo recurso sino leerlo seguido para mantener desunida la lectura, pues la obra salteaba antes-, disculpa por presentarte un libro inseguido que como tal es una interrupción para ti que te interrumpes solo y tan incómodo estás con el trastorno traídote por mis prólogos en que el autor salteado te hacía figurarte y soñar sobresaltado que eras lector continuo hasta dudar de la inveterada identidad del yo salteante” (Fernández 200)

Ahh…, Macedonio me ha dicho que debo aclarar a manera de prólogo que cada vez que una persona comienza Balada / Track, un nuevo personaje ingresa en la misma, y cada vez que una persona la termina, un nuevo co-autor surge en la escena de la no-existencia, indispensable para que el texto siga su curso:

“…el autor, deseando que fuera mejor o siquiera bueno y convencido de que por su destrozada estructura es una temeraria torpeza con el lector, pero también de que es rico en sugestiones, deja autorizado a todo escritor futuro de impulso y circunstancias que favorezcan un intenso trabajo, para corregirlo y editarlo libremente, con o sin mención de mi obra y nombre. (Fernández 352)

Como nunca se sabe con Macedonio, es decir, no sé si estaba hablándome en serio o qué…, sólo puedo decir (por el momento ) que el juego de eslabones y estribillos de Balada / Track es un ejercicio a punto de realizarse en cada segundo de su lectura y, por eso mismo, le dice adiós, así, emocionada, al “lector de desenlaces”:

 “…de lectores sólo un género descarto: el lector de desenlaces; con el procedimiento de dar sustanciado todo el relato y final anticipadamente ya no se le verá más por aquí. Mi táctica de novelista es: personajes sólo entrevistos, pero que tan bueno tienen lo que llega a saberles el Lector que se graban por la irritación lectriz que entre amarlos por delicados y quedar insaciados por conocimiento incompleto o “saber a medias”, obran en su memoria dos fijadores nemónicos (no hay memoria sin afectividad, sea irritación o ternura) y quedarán inolvidables.” (Fernández 231)

Fernández, Macedonio. Museo de la Novela de la Eterna. Caracas: Biblioteca Ayacucho y Adolfo de Obieta. 1982.

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