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Dale que dale en la ruedita

La querida Ana Chiarelli -investigadora amiga y lectora decidida de diarios y baladas- me ha contactado ayer en la tarde: “Oye, Juan, a qué no sabes que estoy escribiendo una ponencia sobre tu obra para presentarla en Toronto”. “¿En serio? ¡No tenía ni idea!”.

La noticia viene con un cuestionario, así que le contesto de vuelta: “Habrás de saber, querida Ana, que quien conteste no seré yo, sino el autor-personaje, el otro –como decía Borges”. Una risa macabra me posee, un gelasmo incómodo desfigura mi rostro en la penumbra del estudio. Supongo, iluso, que esa advertencia habrá de salvarme de toda responsabilidad.

Unas horas después, doy vueltas en la cama. Me entretengo pensando que las noches nevadas son más brillantes. En el fondo sé que quiero que amanezca para empezar a responder las benditas preguntas. Una, dos, tres toneladas de nieve están pesando. “Y ahora qué voy a decir…”, pienso. “¡Pero si lo que quería decir ya lo dije!”, me quejo. Me acuerdo del viejo Jaku – el hámster de mi hijo – corriendo en la rueda verde enganchada a las rejas blancas de su jaula. ¡Claro, eso es! Así va el autor-personaje: corre que corre toda la noche hasta que, cansado al amanecer, se baja de su rueda, toma un poco de agua, come unos cuantos cacahuates y poco a poco comprende que sigue ahí, en la novela, en el cuento, en las mismas palabras de ayer. Desde esta perspectiva ratonil, este cuestionario hace parte de Balada:

Dale que dale en la ruedita

– ¿Cuál fue ese último empujón que te llevó a decidirte a hacer tu trabajo accesible en formato electrónico?

Creo que no es un empujón, sino muchos empujones detrás. Es como cuando uno está dentro de una estación de Transmilenio en Bogotá, y ahí viene el bus que uno necesita. Y entonces uno corre (esta vez no como Jaku). La cosa es que súbitamente hay un montón de gente corriendo contigo porque resulta que el cincuenta por ciento de la multitud que estaba en la estación en ese preciso momento que entraste estaba esperando ese mismo bus. Así que ahí estás en la mitad del tsunami, todo tu cuerpo se está moviendo arrastrado por el agua. No hay garantías, puerto, atajaolas. Puede que llegues o no a la puerta. Una abuelita empuja con la cartera a Julio Altamar (el personaje de Balada), todos gritan “¡no empuje, no empuje!”, una pareja se ríe divertida, una señora maldice y codea al señor de bigote (acaso el papá de Sofía Lagos).

Así veo la decisión de no llevar al papel Baladatrack. Sin darme cuenta fui escribiendo una historia fragmentada. La música nunca faltó en su composición. Lo hice a propósito a ver qué… Al final decidí que el lector debía tener la opción de recrear la historia con la música que el propio autor había escuchado en el momento de la escritura. ¡Eso es! Así que los links –como quien no quiere la cosa- se fueron adentrando hasta hacerse indispensables.

Y lo mejor es que el PDF es momentáneo. En realidad, un día de estos me animo y hago otra versión. Le sumo o le quito personajes y después abro un sitio web con ventanas que nunca terminan, click y otra ventana, click y otra ventana, cada una con un fragmento y una canción. O mejor, por qué no, hago una banda ecléctica y así empezamos a incluir versiones y videoclips como homenajes. Digamos algo de Charly un viernes a la madrugada con suficientes cervezas por delante regadas por el living de algún apartamento en La soledad. No me creas, Ana…
– ¿Tienes algún público en mente (edad, origen, gustos literarios o musicales) cuando estás estructurando y montando tu texto en formato electrónico?

La verdad yo trato de no pensar en eso, y tal vez por eso es que nadie me lee… Para ser sincero yo sé muy poco del mundo electrónico. Me gusta jugar con él, eso sí, experimentar, pero en el fondo escribo pensando en las palabras, en el ritmo, en las imágenes, en lo que tengo que decir para dormir en paz, más que en el medio.

Sin embargo, en el momento de presentar los proyectos (Diariosdenada o Baladatrack), ahí es clave el contacto con la audiencia. Sobre todo si tú eres el que hace todo, el que edita, el que diagrama, el que se comenta a sí mismo… Desde los blogs juego con las imágenes, los hyperlinks, los títulos de los posts, la forma como abordo a los amigos, editoriales, revistas, en fin, es un continuo coqueteo con cualquiera que se asome por la esquina de mi texto… Un tipo fácil, ¿no?
– ¿Crees que sigue viva la propuesta de McLuhan del medio es el mensaje? ¿Aplicas esa idea cuando creas una obra como Baladatrack?

Al final, sí; al comienzo, no. Al principio es siempre la nada, Jaku en la ruedita verde, corre que corre, el autor trasnochado que de pronto ve un punto en el universo, el cual no es medio ni mensaje sino punto a la medianoche y teniendo que trabajar mañana. Luego el punto crece y se vuelve obsesión, enfermedad, y entonces Jaku ya no puede dejar de correr y masticar cacahuates día y noche hasta entender qué diablos significa el punto. Un día comprendes que has escrito un libro chueco o una banda sonora con personajes o una ruta sobre el aserrín de tu jaula.

Pero lo que le llega al lector es otra cosa, es el artificio, el blog, la canción, la foto, un like en Facebook, una frase extraída de la novela de no más de 140 caracteres. Lo que quiero decir es que no veo el mensaje y el medio separados, creo que son lo mismo. Igual la tecnología de la escritura y el papel beige de tantos miligramos que el www; igual el ritmo de tu prosa que el uso de un blog en la escritura independiente.

Claro, hay un detalle desde el punto de vista de la recepción: si el objeto cultural tiene suerte y da con un lector como tú que lo lee con entusiasmo, entonces ahí lo que comenzó como un punto regresa de nuevo al punto, sólo que ahora el lector, co-autor del relato, comienza su turno en la ruedita, dale que dale en la ruedita verde.
– ¿Cuál es el feedback que has recibido de tus lectores? ¿Cómo interactúan contigo?

Pues no creas que tengo tantos lectores como en la escena de Transmilenio… En el proyecto de los Diariosdenada, Felipe Quetzalcoatl Quintanilla, el editor de Letras Sueltas, se ideó un sitio web exclusivo (http://letrassueltas.com/diarios.html) dónde los lectores pueden escribirle al autor y conocer detalles sobre la producción del libro, así como algunos videos relacionados con los relatos. En Baladatrack, en el blog hay un espacio llamado VARIACIONES, en donde sueño que alguna vez se agolpen todos los buzos-lectores a la vez como si viniera el último bus de la noche. Esos sitios siguen ahí a la espera.

Ahora, de los comentarios que he recibido, unos llegan por mi correo personal y otros por Facebook y Twitter. Muchos son como “¡buena pibe!” y otro más formales “oiga, chino, lo felicito por ese proyecto”. Los comentarios contundentes son contados, y todavía son muy pocos los lectores que se animan a continuar la historia, desvirtuarla, recrearla, sumarle sus propias ficciones.

Hay dos casos interesantes: un amigo de la universidad leyó Balada y quedó fascinado con Sofía, así que me dijo que se la tenía que presentar porque justamente él estaba haciendo una investigación sobre los mayas. Entonces cada vez que me lo encuentro en el pasillo, me pregunta por ella y esas cosas. Sofía es una presencia, es innegable. De hecho, es encantadora. Supongo que si presentas esto en Toronto, te la podrías encontrar en la salida… Otro amigo leyó Balada en Bogotá y me llamó afanado y un poco melancólico: “Oiga, compadre, entonces eso es lo que usted piensa de mí…”. Yo no sabía de qué me estaba hablando, pero luego entendí la relación con uno de los personajes.

A lo que voy, es que los escolios sí han existido en estos años, pero no necesariamente escritos, si no en la oralidad.
– ¿Tienes un registro de dónde están ubicados la mayoría de los lectores de Diarios o Baladatrack? ¿Canadá, Colombia, etc….?

La pregunta es interesante porque abre un dilema: ¿son los blogs parte de los libros? Yo diría que sí, así que los lectores que llegan a tu blog y van leyendo y dando click aquí y allá, pues van ingresando a ese lugar de la no-existencia que nos heredó el viejo Macedonio.

Entonces juguemos a las estadísticas (por cierto hay un post cuando estaba haciendo el crowdfunding de Diarios que va muy bien con el tema: http://diariosdenada.wordpress.com/2011/04/28/%C2%A1nada-que-se-anima-a-ser-irreversible/): en IndieGogo y en los blogs se puede rastrear fácil esa información con las estadísticas de tu sitio. También ayuda Google Analytics. Las visitas a los blogs son variadas, las hay escasas (pero las hay) desde París, Londres, España, Argentina, México, Italia y Bélgica; y las hay numerosas desde Estados Unidos, Canadá y Colombia. En el caso de Diariosdenada, por ejemplo, como está disponible en línea en Scribd (http://es.scribd.com/doc/76848405/Diarios-de-nada-relatos-Letras-Sueltas-Split-Quotation-2011), allí se puede contabilizar cuántas lecturas se han hecho de tu libro: no me consta, pero dice que 518 lecturas, de las cuales el 40% han sido en Canadá y el 23% en Colombia; eso sin contar los 300 libros de papel, vendidos entre los lectores que apoyaron el proyecto y las presentaciones que he hecho de esos relatos, digamos un lunes cualquiera en cualquier ciudad, intercambiándolos por baratijas en ferias de pueblo y mercados de pulgas.
– ¿Crees que el público está buscando una nueva experiencia literaria?

Pregunta-zancadilla la que me haces, Querida. Si te refieres a nueva experiencia literaria con la inclusión de nuevas tecnologías, es decir, soportes para la lectura, arandelas durante la lectura, campañas y revoluciones antes de la lectura, proyectos inter-artísticos, pues sí. Pero es simpático porque en el fondo muchos de estos lectores siguen buscando las historias de desenlace, grandes gestas, épicas, romances que se pueden narrar por teléfono. Todo eso está muy bien. Pero yo todavía estoy atascado con Macedonio Fernández en 1911 ideando una novela de sólo prólogos o –por la misma época- con Unamuno en su Niebla debatiendo con sus personajes. Las palabras siguen siendo una sustancia misteriosa, mujer. Así lo veo, así quiero seguir viéndolo. Lo que quiero decir es que la vanguardia en los alrededores de la no-existencia no implican la vanguardia en la literatura misma. Y ahí vamos…

– ¿Sabes de alguien más en Canadá que esté usando medios electrónico en su obra?

No latinos. ¡Una invitación!

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Tu novela es eso que pasa cuando no pasa nada…

Eso que pasa cuando no...

Se han animado David Campos  y Pedro Medina  a hacerme una entrevista y postear una nota sobre Balada / Track en su SUB-URBANO. ¡Gracias a David y a Pedro! Empresa fascinante la de celebrar historias que no llevan a ningún lado –como dice David en la entrevista-, historias que son eso que pasa cuando no pasa nada. Aquí la entrevista:

David: Hola, ¿cómo estás?

Juan: Muy bien.

David: ¿de dónde eres originalmente?

Juan: De Bogotá, Colombia, una ciudad que extraño mucho desde acá.

David: ¿Cuánto tiempo tienes viviendo en Canadá?

Juan: Dos años y medio. Vine en el año 2010.

David: ¿Y qué te hizo emigrar?

Juan: Bueno, en realidad siempre hay muchas razones: primero, quería cambiar un rato, también quería hacer un doctorado en literatura y  además mi pareja es canadiense… todo a la vez.

David: ¿Y estudiaste algo relacionado a la literatura antes del doctorado?

Juan: Sí, en realidad toda mi vida he estado estudiando literatura. Hice un pregrado en literatura, luego hice una maestría en literatura y ahora el doctorado. Años para leer tratando de encontrar un balance entre la academia y mi propia creación. Es siempre una encrucijada.

David: Sí, me parece curioso que digas que has estudiado literatura toda tu vida y que en el libro escribas que con ese libro, por fin, el autor devino en escritor. Muchos jóvenes creen que estudiar literatura es el camino para ser escritores (jóvenes escritores, no jóvenes de edad).

Juan: Claro, muchos estudiamos literatura con la idea romántica del escritor o del poeta. Es siempre un choque escuchar a los críticos, comenzar a leer teorías, etc. Pero algunos continuamos insistiendo, los garabatos del comienzo se vuelven una necesidad, como explico en el blog de Balada, hay historias que hay que sacar afuera y, bueno, en el momento no es muy claro para qué o para quién, el hecho es sacarlo.

David: Cierto, entrando en ese tema, ¿por qué escribes? ¿Por qué Juan Sánchez escribe o a qué o quién le escribe?

Juan: Bueno, es lo que se pregunta Julio Altamar en el blog de Balada y en la novela misma. Le interesa la descomposición. Julio es una parte de esa pregunta que me haces. Siempre pienso en cómo el esfuerzo de los escritores y los artistas se descompone también. Quedan los libros, a veces ni siquiera, quedan cuadros, fotos, pero que nadie ve o solo de vez en cuando, no sé, creo que Juan escribe para los amigos, simplemente. Ahora, detrás de Balada y Diarios de nada (http://diariosdenada.wordpress.com/) como proyectos, también hay reflexiones sobre la audiencia en la época que nos tocó. ¿Para qué imprimir en papel? ¿Para qué estar respaldado por una editorial? ¿Por qué vender? ¿Por qué no hacerlo disponible para todos?

SEGUIR LEYENDO => http://sub-urbano.com/entrevista-al-escritor-colombiano-juan-guillermo-sanchez/

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