“Que llegó usted después que yo a leer estas palabras” (Impresiones II)

Impresiones 2Juan, hermano, estuve varios días pensando sobre todo en la forma a elegir para escribir algo sobre “Balada-Track”; pasé por varias estructuras, por varios principios y finales, pero siempre terminaba aquí, en una especie de carta, un diálogo, como si estuviéramos hablando mientras nos tomamos una cerveza y nos fumamos unos cigarrillos, no sé, como algo más personal.

Y ya que estamos aquí, que llegó usted después que yo a leer estas palabras, quisiera empezar diciéndole que ha escrito usted una hermosa novela, una novela que me recuerda la sorpresa que hace ya varios años me causó descubrir el significado del título de “Trilce” de Vallejo, es decir, entre triste y dulce. Y se lo digo porque así me he sentido con estos personajes, dos mujeres y un par de tipos que nadan en la soledad, en la tristeza, en el abandono, pero que al mismo tiempo miran hacia el futuro que es la nada y el tiempo como si esperaran algo de él, convencidos del futuro. ¿Qué esperan? Me da la impresión que no saben, por supuesto, como no sé yo, precisamente porque debe ser que miran las cosas de esa forma por la edad, esa en la que me encontré leyendo su novela y que nos ampara diciéndonos que ese largo recorrido de dejar la juventud atrás cada vez se hace más palpable y que creímos, en nuestro devaneos adolescentes, que nos iba a arrojar al desprecio y la tristeza y que debemos reconocer impávidos que nos ha dejado en la incertidumbre. Pero, al contrario, eso no nos deprime a aquellos que estamos cerca de los treinta, sino que nos da más fuerzas para aventurarnos a lo desconocido, a la vida, finalmente.

También tengo que reconocer que me fue imposible no leer sin la banda sonora; pensé que sería una traición a la novela, a usted, a esa hermosa poética de esta época cada vez más incierta pero al mismo tiempo arriesgada para el lector y el escritor. Y así, me encontré a veces leyendo y escuchando al mismo tiempo las frases, las tonadas, el ritmo, viendo cómo movía las caderas Salomé o como cantaba desde el centro del mundo Sofía. Otras veces la canción y las palabras escritas se encontraban en una inexplicable conjunción, hija del azar, y yo me sentía como revolcado en medio del tiempo y de la existencia, como quizás otras novelas no pueden hacerlo y que usted ha conjurado para hacernos -¿cierto?- cómplices de sus personajes.

Finalmente, no sé si venga al caso pero permítame decírselo, no he podido evitar leer su novela al tiempo con otras, con Kundera, con Bolaño, con Tomás González, y sinceramente creo que sus palabras no desmerecen en un ápice a la de estos maestros, lo que me hace lamentar que obras como la suya no tengan la oportunidad de acercarse a más lectores, aunque claro, desde mi posición, trataré de compartirla.

Un abrazo Juan, y espero que pronto, por medio de los libros, de los correos o desde esta búsqueda incansable a través del lenguaje, podamos encontrarnos y compartir más palabras…

Sergio Barón

Amigo de hace tiempo y de Ribeyro

España

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